J. y C. están aburridos el uno del otro, pero se hacen compañía. Sobrepasan los 60 y llevan juntos desde que tenían 20. Se casaron jóvenes y tuvieron 2 hijos que se independizaron hace tiempo. Los dos viven en Alemanía y vienen unos días en verano y otros en navidad con sus respectivas familias. Los veranos, en el pueblo y las navidades, en la capital. Un clásico.
J. y C. viajan todos los fines de semana al pueblo de ella, donde vive su madre, ya mayor, pero autónoma. Hacen el trayecto en tren porque ahora sale más barato que sacar el coche del garaje. Siempre van en asientos contiguos. Hablan sin parar pero no se escuchan. Muchas veces solapan sus argumentos que no tratan el mismo tema. Una mira hacia la ventana y el otro, hacia el pasillo.
Él es adicto a la información política y económica, tiene opinión sobre cualquier tema y lo hace saber constantemente: el gobierno, la oposición, los bancos, los de podemos, los indepes, la vivienda, la sanidad pública… todo cargado de acidez, de crítica. Al principio, le escuchas y crees que es de izquierdas, pero después de dos discursos de 10 minutos, te das cuenta de que no. Tampoco podrías asegurar que sea de derechas.

Ella habla de su hermana mayor, de las herencias, de lo lento que va el tren: ¡qué lento que va el tren! Aquí se dan la razón. Yo también se la doy, pero sólo porque se me va a hacer más largo de lo habitual el viaje. Retoma lo de la hermana y la otra prima que vive en el pueblo… que se han comprado noséqué o nosécuál, qué fijaté. Entonces él hace su aportación: claro, es que tú eres muy tonta y tu hermana y tu prima, muy listas, te lo tengo dicho… que no te enteras.
Y yo, que no me quiero enterar, pongo música e intento leer. Mira que está interesante el libro, pero su conversación sigue entrando por la fina ranura que dejan los auriculares en los oídos. Subo la música, pero me atrona…
Mientras tanto, ellos siguen demostrando su aburrimiento de años a cualquiera que los oiga. Y de vez en cuando un te lo digo yo o un qué lento va el tren. Es que tienen que estar uno junto al otro haciendo que les interesa la conversación. Disimulan mal. Están pensando en a ver si llegamos y al menos, en el pueblo están los siempre y pueden hablar con otros de aquello que más les interesa, por separado por supuesto.



