Volver a casa..

Posted on

Llevo dos semanas fuera y cuando entro en el portal no reconozco mi buzón. Miro varias veces, por si me he despistado, pero la llave era la que abría la puerta y los casilleros son los mismos que había hace unos cuantos días. Apartó la maleta de mi lado. Me giro y camino hacia la entrada, en sentido salida. Cierro los ojos y me enfrento de nuevo a esa pared llena de bocas hambrientas de facturas. Ahí, está la placa de siempre, la que indica el piso y la letra, 6ºD. Esa es. Sin embargo, se cayeron las letras de mi nombre, junto al tuyo, del papelito que los contenía. Miro al suelo, por si las veo desperdigadas sobre el rodapie del descansillo. Quizás alguien las haya recogido, eran redondas y pequeñas, escritas con bic cristal de color azul. Antes me decías que mi letra era bonita… Pero no, ni siquiera se han caído. Me acerco un poco más y veo que alguien – no sé si has sido tú, lo sé, pero no te reconozco – las ha tapado con ese tipex blanco que cubre como con una cinta los caminos errados de la escritura. Hay que reconocer que quien lo hizo se esmeró, apenas se notan esos finos bordecitos que con el tiempo serán amarillos y se despegarán.

…ahora vivo aquí

Jueves de sangre enajenada

Posted on Actualizado enn

Un rojo enajenado - Paula Bonet
Un rojo enajenado – Paula Bonet

Este jueves no podré quedar contigo. No querré, porque si lo hago, al día siguiente, amaneceré con el costado izquierdo de mi cuerpo dolorido y ensangrentado. Y es que es ahí donde  se clavan tus abrazos y tus caricias como si fuesen aguijones de avispero enfurecido o arpones balleneros de otro siglo. Proyectiles que se engarzan en la carne con trayectoria de entrada y nunca de salida y que en cada leve movimiento me desgarran los entresijos y las entretelas. Amaneceré con tus susurros a modo de alfileres prendidos en el espacio que queda entre mi tímpano y mi cuello. Punzadas e hilvanes con hilo de sutura.

Por eso, porque me duele mucho menos tu ausencia que tu presencia, el viernes haré planes que me salven y me sanen de esas heridas cruentas, demasiado. Saldré con otros que sin tantos arrumacos y palabrería zalameresca me provocarán un despertar más placentero, con su verdad, que mis tormentos y mis delirios con los “te quise, hace algún tiempo”. Me quedaré agazapada entre los pliegues de alguna manta que será abrigo en la escapada de aquellas ruinas de ese asunto que fue “lo nuestro” y que hoy en día ya no es nada o debería no serlo.

Silencio

Posted on

Silencio.

Distancia.

El silencio.

La distancia.

Mi silencio es la manera de ampliar nuestra distancia.

Mientras no me acostumbro a negar que te echo de menos.

Sin título (1979). Paco Gómez
Sin título (1979). Paco Gómez

“…el silencio es el contenido ideal para rellenar los huecos que se forman cuando uno está a solas. Incluso en compañía adquiere valor…” (Fin del poema. Juan Tallón)

El amor en tiempos de Yorgos Lathimos[The lobster]

Posted on Actualizado enn

La esposa de David ha decidido abandonarle. Ha hecho las maletas y se ha largado, por ello, éste debe ingresar en un hotel con el único objetivo de encontrar otra pareja en un plazo máximo de 45 días. ¿Lo natural?, no. Lo obligatorio en una sociedad atemporal y (des)ubicada en cualquier lugar en el que cada individuo tiene que estar emparejado. Otra opción distinta a esa es inviable y será perseguida por la autoridad. Como en la realidad en la que se cuestiona todo lo relacionado con las relaciones de pareja, lo que se sale de la norma.

TheLobster

Llegado el caso, te planteas, seriamente, porque no vuelven los matrimonios por conveniencia y dejas a tus padres la responsabilidad de elegir a la persona que te acompañará “hasta que la muerte os separe”. Claro que en la sociedad que narra Yorgos Lathimos, no importa que enviudes, deberás encontrar otra pareja que sustituya a la anterior, sin duelos. Si te abandonan o abandonas no podrás disfrutar de la soledad, no podrás ordenar los sentimientos, ni curar las heridas, no podrás tomarte “tu tiempo”. Automáticamente te pondrás manos a la obra a buscar a aquel que volverá a ser tu otra mitad, la que no te dejará ni a sol, ni sombra. Literal.

lobster-620x400

Cualquier táctica vale con tal de conseguir pareja sin dejar que el plazo acabe. El fin justifica, sobradamente, los medios. Puedes inventar una mentira para tener algo en común con la que se supone será tu alma gemela, ¿quién no lo ha hecho alguna vez?

  • Mi escritor favorito es [escribe aquí su nombre]
  • ¡Uy, qué casualidad! el mío también…

Mientras buscas el momento de salir corriendo a consultar en tu smartphone ¿de quién está hablando? Tienes que averiguarlo antes de que te pregunte que cuál es tu obra favorita o qué opinas de tal o cual personaje.

Lo importante de todo esto, ya sea una inocente mentira o llegar a cometer un crimen, es que los demás no lo noten y consigas conquistar a la persona elegida o a otra, da igual. Si no funciona a la primera, no hay circunstancia adversa que la llegada de un hijo no pueda arreglar. ¿Os suena?

Vale, te puedes salir de la norma, revelarte contra el sistema y ser un proscrito y perpetuo desparejado, pero si eliges ese camino no estarás mejor. Deambularás por la senda de la soledad sin opción al cambio con la amenaza permanente de ser objeto de castigos sangrientos y despiadados.

Si la alternativa a no encontrar pareja es convertirse en un animal, en lugar de langosta, me pido ser un ornitorrinco, bicho raro por antonomasia. Aunque quizás la mejor solución sea levantarse una mañana cualquiera como un Gregor Samsa convertido en una despreciable cucaracha dispuesta a recibir el primer y mortal pisotón, nada más asomar por la rendija de cualquier desconchón, dejando paso a una vida mejor. La otra.

Viajes… [La piel dura + James Rhodes]

Posted on Actualizado enn

La tarde invitaba a peli y manta. Tú dijiste que preferías irte a jugar y yo me quedé con mi plan inicial. Tenía la manta y me faltaba la peli, como de costumbre, me costó elegir qué ver. Salté de una a otra y al final me quedé con La piel dura* (1976, F. Truffaut) y después de poco más de hora y media de metraje, me quedó un sabor entre dulce y amargo. Una sensación que rondaba la melancolía y la esperanza.

La-piel-dura

La piel dura es un pequeño homenaje, uno más por parte de Truffaut, a esa etapa de la vida en la que das el (gran) salto para salvar el abismo que separa la infancia de la adolescencia. Ese punto en el que no sabes dónde ubicarte dentro de la porción de mundo en que te ha tocado vivir. Un homenaje a la lucha interna entre seguir siendo un niño, cargado de inocencia, o sentir que la madurez ha llegado para quedarse. Y así, sin esperarlo, darte de bruces con la “vida real” esa que no siempre es tan amable con cada uno de nosotros como nos gustaría.

La clase de despedida del curso del profesor Richet** me parece un regalo  que todos habríamos querido recibir en su día. En aquel día en el que te preparas para intentar seguir viviendo. Con sus palabras, el profesor, les abre los ojos a otra realidad, a la que han tenido junto a ellos y ha pasado desapercibida hasta ese instante. Les anuncia, por si a alguno se le ha escapado, que la vida no siempre es fácil y que cada uno deberá encontrar la manera de reconciliarse con el mundo y con ellos mismos.

Una vez más, como ya ocurrió en Los 400 golpes, Truffaut consigue que ese discurso trascienda como un reflejo de lo que fue su infancia.

Sin asentar la tormenta interna provocada por La piel dura, me zambullo en la lectura de la entrevista que Kiko Amat le ha hecho a James Rhodes en Jot Down. La serendipia es caprichosa y esa tarde lo fue conmigo.

Rhodes*** es un músico –pianista clásico para más señas- inglés y de buena familia, que durante 4 años de su infancia fue víctima de abusos sexuales y a pesar de ello y de un ciclón de autodestrucción posterior ha sobrevivido esa/s escalofriante etapa/s de su vida hasta el punto de encontrar la redención, el perdón para sí, a través de la música, y lograr sobrellevar esa carga inmensa, sin culpabilizarse eternamente, e incluso vivir una VIDA. Una vida llena de altibajos anímicos, pero una vida en paz al fin y al cabo.

James-Rhodes

Como decía Richet en su discurso a sus alumnos “…yo tuve una penosa infancia, desde luego mucho menos trágica que la de Julien y, a pesar de todo…”. Pues eso, que todos en mayor o menor medida tenemos experiencias durante la infancia que marcarán nuestra vida, pero que tenemos que encontrar el modo de superarlas y vivir. Y si James Rhodes lo ha conseguido, sinceramente, creo que cualquiera puede hacerlo. El esfuerzo será diferente en cada caso, pero todos merecemos vivir mejor. Julien, el niño de La piel dura, Truffaut, Antoine Doinel, James Rhodes, tú (y yo), pero necesitamos los mejores compañeros de viaje y las mejores alforjas para este viaje… ¡Buen viaje!

*Título original: L’argent poche, literalemente, Dinero de bolsillo.

** Texto completo del discurso del profesor Richet [PDF].

***Instrumental, autobiografía de J. Rhodes (Blackie Books).